divendres, 23 de desembre del 2011

Que aquest any vinent
l’amor dels qui ens estimen
ens envolte i ens empare
perquè puguem superar totes les dificultats
i totes les mancances
que trobarem pel camí
que anem fent cada dia,
i que l’angoixa no ens impedisca
de reconèixer les coses bones
que omplin d’esperança
per a poder-la contagiar als altres.
Bon Nadal!
Associació Petjada
POR FAVOR, TOCAME
Sí, soy tu bebé, tócame.
Necesito tanto que me toques.
No te limites a lavarme, cambiarme los pañales y alimentarme,
Acúname cerca de tu cuerpo, besa mi carita y acaricia mi cuerpo.
Tu caricia relajante y suave expresa seguridad y amor.
Sí, soy tu niño, tócame.
Aunque yo me resista y te aleje persiste con respeto,
encuentra la manera de satisfacer mis necesidades.
El abrazo que me das por las noches
endulza mis sueños.
Las formas en que me tocas durante el día me dicen
como te sientes.
Sí, soy tu adolescente, tócame.
No creas que, porque sea casi adulto,
no necesito saber que aún me cuidas.
Necesito tus brazos cariñosos y tu voz llena de ternura.
Cuando el camino se vuelve duro,
el niño que hay en mí te necesita.
Sí, soy tu amigo, tócame.
No hay nada que me comunique mejor tu cariño
que un abrazo tierno.
Una caricia curativa cuando estoy deprimido,
me asegura que me quieres,
y me informa que no estoy solo.
y tu contacto pudiera ser el único que logre.
Sí, soy tu compañero sexual, tócame.
Podrías creer que basta la pasión,
pero solo tus brazos rechazan mis temores.
Necesito tu toque de ternura que me da fé,
y me recuerda que soy amado porque soy como soy.
Sí, soy tu hijo adulto, tócame.
Aunque tenga mi propia familia para tocar,
aún necesito que me abracen mamá y papá cuando me siento triste.
Como padre yo mismo, mi visión ha cambiado
y los valoro aún más.
Sí, soy tu padre anciano, tócame.
Como me acariciaban cuando era pequeño.
Coge mi mano,
siéntate cerca de mí,
dame tu fuerza
y calienta mi cuerpo cansado con tu proximidad.
Mi piel está arrugada, pero goza cuando es acariciada.
No tengas temor,
Solo, tócame.
"El poder del tacto. El contacto físico en las relaciones humanas" Phyllis K. Davis.
dilluns, 19 de desembre del 2011

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.
Pablo Neruda
divendres, 16 de desembre del 2011

No puedo verte pero se que estás en mi.
En mi memoria aun se repiten tus palabras.
Mis manos sienten que te aferras a ellas.
Sin oir tu risa me rio contigo
Y camino a tu lado, aunque no vea tu perfil.
Como puedo amarte sin verte, y lo hago.
Cuanto amor profundo siento, y no te tengo.
Es amor a la ausencia sin que estes presente.
Es un amor que jamás se marchará.
Amor que me acompaña en este camino largo.
Como hago para seguir viviendo, y lo estoy haciendo.
Como busco tus lindos recuerdos, para ayudarme.
Al preguntarme me respondo, poniendole ganas!
Porque quiero vivir lo mejor que se pueda.
Porque para no olvidarte, seguiré viviendo.
Texto de Abelardo (grupo Renacer)
dijous, 3 de novembre del 2011
Puedes llorar porque se ha ido,
o puedes sonreír porque ha vivido;
puedes cerrar los ojos y llorar para que vuelva,
o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado;
Tu corazón puede estar vacío porque no puedes verla
o puede estar lleno del amor que compartisteis.
Puedes llorar, cerrar tu mente,
sentir el vacio o dar la espalda
o puedes hacer lo que a ella le gustaría:
"Sonreir, abrir los ojos, amar y continuar"
(popular escocés)
dijous, 16 de juny del 2011
NO LLORES SI ME AMAS
No llores si me amas,
Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo!
Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos, los horizontes,
los campos
y los nuevos senderos que atravieso!
Si por un instante pudieras comtemplar como yo,
la belleza ante la cual las bellezas palidecen!
Cómo! ...¿Tu me has visto,
me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y
amarme en el país de las inmutables realidades?
Créeme,
cuando la muerte venga a romper las ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban,
cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la
mía,
ese día volverás a verme, sentirás que te sigo amando,
que te amé, y encontrarás mi corazón
con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz!
ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo,
que te llevaré de la mano por
senderos nuevos de Luz ... y de Vida ...
Enjuga tu llanto y no llores si me amas!
dimecres, 15 de juny del 2011
Frase
el que ya no esté no significa que no existió,
los lazos de amor perdurarán por siempre"
LP
dilluns, 13 de juny del 2011
Tres anys sense tu...

Mari Carmen,
En vez de brazos que suspiran por abrazarte, me has dado brazos para acercarme a otras personas que han perdido a un ser querido.
En vez de ojos llenos de pena por no poderte ver más, me has dado ojos que pueden admirar la belleza de cada nuevo día.
En vez de oídos que añoran escuchar tu voz, me has dado oídos para escuchar a otros que tienen el corazón roto.
En vez de labios que quisieran besar tus lágrimas, me has dado labios que me han enseñado a decir: "Entiendo tu dolor, yo he estado donde estás tú ahora".
En vez de un alma sin dirección ni propósito, me has dado la esperanza de que ciertamente hay un lugar eterno donde todos nos reencontraremos algún día.
En vez de ser una persona que se toma la vida a la ligera, me has convertido en una persona que aprecia cada momento del día.
En vez de un corazón destrozado por el dolor, me has dado un corazón que se abre a los demás.
En vez de una mente llena de resentimiento, autocompasión y rabia, me has dado una mente que entiende el regalo precioso que es la vida.
Te quiero dar las gracias, hermana mía, por todos estos presentes que me has dado. Intentaré hacer lo mejor para vivir mi vida de manera que te haga sentir orgullosa de mí tanto como yo lo estoy de ti. Espero que continúes compartiendo conmigo estos regalos, pues ahora sí que estoy dispuesta a aceptarlos y comprenderlos.
Tu hermana
Lourdes
(Adaptado de Las tareas del duelo)
TE LLEVO EN MI CORAZÓN (tres años sin tí)
Estas tan cerca de mi, que no importa cuan lejos estés.
Y tan presente, que olvidarte no me asusta.
Tan dentro de mi, que aunque pasen los años seguiré sintiendo tu calor.
Y es que parece voy encontrando mi camino...
Ya no duele todo lo que no te dije, ni todo lo que no te di.
Si cierro mis ojos nos recuerdo juntas y eso me inunda de amor.
Me he dado cuenta que la muerte ya no importa
No me aleja de ti como temía cuando te perdí.
Juntas nos hemos vuelto fuerza y luz.
Y luego de eso poco más importa, si te llevo en el corazón.
dissabte, 11 de juny del 2011
dilluns, 30 de maig del 2011

EL AMOR LO PUEDE TODO
El 8 de junio nació mi hijo Ignasi, ahora cumpliría 28 años. Se fue a los 15. Murió de accidente y, desde el mismo instante de su partida, nuestra vida dio un vuelco. Los tres primeros meses me sentí vacía, hueca por dentro, una sensación que nunca había experimentado antes, dificilísima de explicar. Me sentía desgarrada, como si me hubiesen arrancado la vida. Ese vacío iba unido a un dolor profundo que fue cogiendo fuerza y nubló mi conciencia durante al menos dos años; yo no era yo, nada era lo de antes, me parecía estar en otra galaxia, en un planeta lejano, peligroso y desconocido. Sin embargo, durante este tiempo, de vez en cuando, la niebla daba paso a destellos de amor en estado puro, también desconocidos para mí hasta entonces. Es cierto que yo los buscaba como agua en un desierto, pero también es cierto que eran reales porque llenaban mi corazón de una alegría serena. No me refiero a nada místico o extraordinario, no, al contrario, los solían provocar pequeños hechos de la vida cotidiana en los que antes no reparaba; la calidez de unas palabras cariñosas, la sonrisa de un niño que me cruzaba por la calle, el agua del mar, al encontrarme, al girar una esquina, un rayo de luz que iluminaba un balcón con geranios… Y, sobre todo, al descubrir que el amor que me unía a Ignasi continuaba. A medida que esta certeza ha ido inundando mi alma el dolor ha ido disminuyendo hasta quedar en nada. No puedo verlo pero puedo seguir queriéndole y percibo con intensidad su cariño. Con esto, ahora, después de muchos años de vaivenes, me basta. Ignasi está en mí y su amor me acompaña. Es algo parecido a cuando estaba embarazada. Hace 28 años que vivo con el amor que siento por mi hijo. Ese sentimiento es tan fuerte que ha ido más allá de lo que llamamos muerte. Eso para mí ha sido una revelación extraordinaria, no un acto de fe, una verdadera constatación. Ahora sé que el amor lo puede todo y, sí, tengo días de nostalgia y otros me peleo con la vida y conmigo misma y a menudo me contradigo, pero sé, a ciencia cierta, que el amor lo puede todo. También sé que el amor del que hablo nace de dentro y sintoniza con el amor de fuera. Ese amor que está en todas partes y la mayoría de las veces no vemos. En los momentos malos es preciso parar, sincerarnos y buscar en silencio qué nos impide amar y, aunque cueste creer, no es la muerte de nuestros hijos, no. Son otras cosas, cada cual las suyas. Son esos miedos íntimos los que nos impiden amar.
Publicado por Mercè Castro Puig
dilluns, 16 de maig del 2011

MI RELACIÓN CON DIOS
No sé si es porque es Semana Santa pero hoy, al levantarme, he sentido el impulso de releer el libro de Deepak Chopra “Conocer a Dios”. Recuerdo que lo compré hace años en una librería de viejo, de las que venden ejemplares de segunda mano. Fue uno de esos libros que llegó a mí en el momento oportuno.
Con Dios he mantenido desde pequeña una relación apasionada. Me he sentido cerca o lejos de él, pero nunca indiferente. Cuando murió Ignasi, como muchas de las madres que me escriben, buena parte de mi rabia la lancé contra Dios ¿pero qué significaba para mí él entonces? ¿Por qué lo acusaba, qué espera de él? Supongo que veía a Dios como alguien que podía protegerme, alguien que cuidaba a los buenos y, de alguna manera, debía castigar a los malos… La sinrazón aparente de la muerte de mi hijo, la necesidad de trascender el dolor desgarrado me condujo por un camino espiritual nuevo.
En la infancia veía a Dios como un amuleto; “cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me la guardan”, recitaba de niña para ahuyentar el miedo que me acechaba de noche. De adolescente aquel Dios no me sirvió. Entonces para mí Dios era sinónimo de religión y yo pretendía alejarme de cualquier tipo de poder, de imposición, de normas que encasillaran mis ansias de experimentar en libertad.
No sabía que Dios iba unido al despertar de mi conciencia, a mi forma de ver y entender el mundo. Dios está hecho a la medida de cada uno. Ahora para mi Dios es amor, cuando siento amor estoy con Dios o, por lo menos, la energía que conforma mi ser vibra más cerca de él. Yo entiendo poco o nada de física cuántica pero intuyo que nosotros creamos nuestra propia realidad, que Dios no tiene que salvarnos de nada, que somos nosotros al juzgar lo que está bien o mal los que nos apartamos de la luz. La luz y la oscuridad son las dos caras de una misma moneda y cada uno tiene el poder de transformar lo aparentemente malo en bueno.
Publicado por Mercè Castro Puig

ACEPTAR A NUESTRA MADRE ES EL PRIMER PASO PARA ACEPTAR LA VIDA
Si para construir un edificio sólido son necesarios unos buenos cimientos, para crear una vida amorosa es necesario aceptarnos a nosotros mismos y a la propia vida tal como es. Y eso se convierte en una misión imposible si uno no ha hecho antes las paces con su propia madre. Cada madre hace con sus hijos lo que mejor sabe, aunque a muchos les hubiese gustado que su madre fuese distinta. Todos llevamos dentro una madre idealizada que a menudo no coincide con nuestra madre real. Es cierto, pero también es cierto que para nuestro crecimiento, para conseguir trascender nuestros límites, la nuestra es, sin duda, la madre mejor. Dicen los maestros que antes de nacer elegimos a los padres más adecuados para nuestra evolución en
Aceptando a mi madre he podido empezar a aceptarme a mi misma. Me es más fácil respetarme si la respeto a ella. Cada uno es como es y ninguna vida carece de sentido, al contrario, cada padre o madre, aunque a veces nos cueste verlo, pone los cimientos necesarios para que nosotros vayamos creando nuestra vida. Depende de cada uno construir una casa acogedora o no con lo que le han dado. Los padres, como en las carreras de relevos, nos dan el testigo que más tarde nosotros pasaremos a nuestros hijos, a la humanidad, pero a la meta tenemos que llegar solos.
Aceptando la vida, entregándonos como los caballos a la carrera, trascendemos el duelo. Nadie muere antes o después de haber llegado a su meta. Hay carreras cortas, muy intensas, otras largas, de fondo, pero todas encierran alguna lección para el propio jinete. Una lección de la que podemos aprender todos.

COMO ENCARAR EL DUELO
Hace unos días leí en una entrevista, que la periodista Cristina Jolonch realizó al psiquiatra Rojas Marcos, la siguiente frase: NO SE APRENDE DEL SUFRIMIENTO, SINO DE
El sufrimiento por la muerte de un hijo es inevitable, duele mucho la pérdida de un ser al que le hemos dado la vida y adoramos. Es más fácil morir que aceptar seguir viviendo después de un golpe así. Es cierto, pero si decidimos luchar, las posibilidades de aprendizaje, de aumentar nuestra fortaleza interior son enormes.
A los padres que se nos ha muerto un hijo la vida nos pone en una situación límite: o luchamos contra viento y marea o nos hundimos. No hay más. Si decidimos no tirar la toalla, naufragamos durante mucho tiempo pero, entre medio, vamos creando recursos que no solo nos permiten salir a flote, también nos serán útiles para afrontar nuevas tempestades. Nuestro esfuerzo ilumina a nuestros hijos vivos y muertos y, por qué no decirlo, a toda la humanidad. Porque todo ser humano que supera una prueba personal enorme, sea la que sea, abre un camino de esperanza para los demás.
En cambio, si no luchamos, el riesgo de dar vueltas alrededor del dolor sin avanzar un paso es grande y, con el tiempo, el desgaste va a ser tan extraordinario, la debilidad emocional tan grande, que cualquier revés, por pequeño que sea, probablemente se convierta en una montaña insuperable que, inevitablemente, nos remita a la angustia y desespero del inicio. ¿Pero contra qué o quién hay qué luchar? A mi entender la del duelo es una batalla que nos enfrenta a nosotros mismos y esa es la más difícil de las batallas. Si nos empeñamos en dirigir la rabia contra alguien o contra la vida misma estamos errando el tiro. Nosotros, como seres humanos, solo tenemos la libertad de transformarnos a nosotros mismos. Las circunstancias son las que son, pero todos tenemos la capacidad de inventar infinitas maneras de encararlas. Esa creatividad es un don que, incluso, ha permitido a algunos salir con vida de un campo de concentración.
Para mi la travesía del duelo consiste en soltar miedos y adquirir confianza. Morir vamos a morir todos, la diferencia, lo que da sentido a la vida, está en morir con el corazón desolado y seco o repleto de gratitud y amor.
Publicado por Mercè Castro Puigdivendres, 15 d’abril del 2011
Cuanto más vivo, menos seguridades tengo. Me refiero a esas del tipo: "esto es así porque..." o "esta es la consecuencia de..." Cuanta más experiencia adquiero menos certezas obtengo. Todo lo contrario.
Siempre creí que hacerse adulto era incorporar una serie de verdades inamovibles y regirse según ellas. Ahora, creo que la inmovilidad se acerca más a la muerte y al estancamiento. Que la vida es el misterio por excelencia, más que la muerte. Que la tierra es un ser vivo y, como tal, se expresa y manifiesta cuando quiere. Que las seguridades que ofrece la raza humana son tan firmes como una pluma en el viento y tan consistentes como un puñado de arena entre las manos.
Que vivir protegiéndose de todo no es vivir. Que los planes se desbaratan y los seres queridos nos son arrebatados. Que los arrebatos son saludables, pero no constantemente. Que la constancia es una virtud pero puede ser una cárcel. Que el peor carcelero es el miedo. Que los miedos cumplen una función en nuestra vida, pero hay que darles el día libre. Que el poder es una ilusión, pero poderosa.
Que el amor no es atómico ni matemático. Que la infalibilidad es un cuento. Que los errores son grandes maestros pero mientras enseñan pueden dañar. Que endilgarle la culpa de todo a un dios es de cobardes. Que como es arriba es abajo, y como es al costado es en el centro y como es afuera es adentro. Que si todos vamos a morir, empecemos a vivir. Que es mejor que la muerte nos encuentre viviendo. O cantando, como a John Lenon.
Y de todo esto que dije, no, no estoy tan segura...
Victoria Branca
dimecres, 13 d’abril del 2011

LOS BIORRITMOS DEL DUELO
Cierro los ojos y me voy a mi primer año de duelo. Ignasi murió de accidente, fue un shock tremendo, seco, que me dejó sumida en las tinieblas sujetada por esporádicos destellos de luz. De los sentimientos y emociones de aquellos tiempos hablo en “Volver a Vivir”, el diario que escribí durante el primer año de duelo. Los siguientes fueron parecidos al primero. Pasaba unos días bien, pero de repente porque llegaba otra primavera, otra navidad o porque la nostalgia, simplemente, se me hacía insoportable volvía a la desesperación, no se si bajaba más, pero mis fuerzas parecían agotarse porque los años de dolor desgastan y renombrar la vida conlleva un esfuerzo que me dejaba exhausta. El tiempo, por sí solo no arregla nada. Fue durante el segundo año que tuve que encararme con la rabia que me había producido la muerte de mi hijo. Durante el primer año estuvo disfrazada de tristeza. Fue un médico el que me dijo que la rabia me estaba envenenando, yo ni siquiera sabía que su fuerza me estaba matando. Como en los cuentos, atravesaba un bosque encantado y no sabía diferenciar a un dragón de otro de tantos que me asustaban. El dragón de la rabia por la muerte de un hijo es grande. Hablando poco se avanza. A mi me parece que es necesario un trabajo emocional y físico con un terapeuta especializado para liberarla. La tristeza va desapareciendo cuando soltamos la rabia. ¿Cuánto dura el duelo? Creo que no es posible contar por meses o por años. Lo que cuenta es mirar en nuestro interior y, como las capas de una cebolla, ir ahondando a través del dolor hacia el corazón de nuestra esencia. Nuestra alma, pase lo que pase, siempre está intacta y dispuesta a regalarnos serenidad y alegría. Por el camino encontraremos mil y una heridas, que hay que ir curando. El proceso sanador va unido a la confianza, en nosotros mismos y en el amor que hace posible la vida. La confianza va unida a la entrega. Si no soltamos, si nos aferramos al control, al pasado, a la culpa, si creemos que es demasiado tarde para cambiar, que no merece la pena… nos alejamos de nuestra esencia, de la luz, del amor puro, de Dios. Sin dar un sentido a nuestra existencia el bosque encantado se convierte en un laberinto imposible. A mi me va bien pensar que cada cosa que me sucede encierra un tesoro. A veces me lleva tiempo descubrir el lado bueno, pero sé, por experiencia, que lo tiene. Sé que tengo que tener paciencia para transformar dentro de mi lo que me impide encontrarlo. Lo demás es como es, pero yo puedo ir cambiando.
Publicado por Mercè Castro Puig
dilluns, 21 de març del 2011
DE
Mañana empieza la primavera. Las hojas de los árboles de mi calle han empezado a brotar y el aire viene cargado de aromas distintos. A los corazones en duelo, heridos, los cambios de estación les despiertan tristezas, miedos y añoranzas recientes y antiguas. La nueva vida lo inunda todo, es imparable y cuesta horrores seguirle el ritmo. Esta primavera del 2011, además, anuncia con fuerza cambios distintos y profundos. No es una primavera suave, no, la que comienza mañana. El mundo no es el mismo desde que nuestros hijos se fueron, pero lo cierto es que ahora el mundo no es el mismo para nadie. Dicen los entendidos que la crisis que estamos viviendo es necesaria para acabar con una forma de relacionarnos con el planeta y entre nosotros mismos que ya no sirve, está caduca.
Mercè Castro Puig
dimarts, 15 de març del 2011
"Si tuviese que volver a criar a mis hijos, usaría más el dedo índice para pintar y menos para señalarles faltas; les corregiría menos y conversaría más con ellos; daría más caminatas, volaría más cometas, les abrazaría más...y les reprendería menos.
Les apoyaría más, edificaría antes su amor propio y la casa después...Les enseñaría menos acerca del amor al poder y más sobre el poder del amor"
(Diane Loomans)
dilluns, 14 de març del 2011
"Educar en libertad me parece la cosa más difícil del mundo. La más necesaria. Y es difícil porque hay padres que, por afanes de libertad, no educan. Y padres que, por afanes educativos, no respetan la libertad. Hacer ambas cosas a la vez es acaso como construir un círculo cuadrado. Algo que sería imposible si no existiera el milagro del amor."
J.L. Martín Descalzo "Las razones de su vida"
dimecres, 9 de març del 2011
MIS FANTASMAS Y YO
Estoy en casa desde hace un montón de días convaleciente de una neumonía que me ha dejado sin fuerzas. Y así, del sofá a la cama, sin energía para leer ni un libro, no he tenido más remedio que conversar con mis fantasmas. Ayer, sin ir más lejos, estuvimos todo el día de visita la tristeza, el miedo y yo. Los dos me echaron en cara que desde hace tiempo los esquivo y no tuve más remedio que darles la razón. Es cierto, desde hace un par de meses una nube oscura me ha estado rondando y yo me he ido haciendo la loca, intentando evitar la tormenta con excusas, hasta que el Universo, que es sabio, se ha sacado de la manga una parada obligatoria para reunirnos a los tres, sin prisas, en la intimidad de mi casa. Para romper el hielo, hemos estado jugando a las cartas. Cuando reparte la mano mi viejo conocido el miedo, un velo espeso y gris lo cubre todo y me pierdo en las penumbras de mi vida. Con el pecho oprimido me lleva a un bucle que parece no tener salida. Allí me quedo hasta que voy levantando una a una las cartas que me atemorizan. Solo cuando me tiene entre las cuerdas recuerdo que todo pasa, que el amor lo puede todo, que volveré a tener fuerza, que resistirme no sirve de nada, que poco antes de que llegue la luz del amanecer la oscuridad es intensa. La tristeza, que me quiere, intenta limpiar mi angustia con el llanto. ¡Me cuesta tanto llorar cuando tengo miedo! De estas tormentas salgo agotada pero contenta; he limpiado un poco más a fondo, creo, mis heridas. El miedo, satisfecho, ya se ha ido. Hoy solo me ha hecho compañía, a ratitos, la tristeza. Es más dulce, menos intensa.
Publicado por Mercè Castro PuigCuanta razón tiene, y eso que ha pasado mucho tiempo desde que su hijo se fue.
dilluns, 28 de febrer del 2011
CONSEJOS PARA AFRONTAR EL DUELO
RESPETAR EL PODER DEL DUELO: Has de saber que te puede afectar psicológica, física y espiritualmente de forma intensa y a veces sorprendente. Sé amable contigo mismo. PERMANECE ABIERTO AL DOLOR DE TU CORAZÓN ROTO. PUEDES PENSAR QUE ES FÁCIL SUPRIMIR EL DOLOR O EVITARLO CON DISTRACCIONES U OCUPACIONES, PERO AL FINAL EL DOLOR SALDRÁ A
DATE TIEMPO PARA ELABORAR TU DUELO. Puedes necesitar varios años tan solo para aceptar la finitud de una pérdida, que alguien se ha ido para siempre, y aún más para elaborar tus emociones. TU DUELO ES ÚNICO. Viene definido por tu relación particular, tus circunstancias específicas y tu propio temperamento. Ignora los intentos de los otros de decirte cómo debes sentirte y por cuanto tiempo. EXPERIMENTARÁS DIFERENTES FASES EN TU DUELO. Shock, insensibilidad, negación, depresión, confusión, miedo, rabia, desconsuelo, culpa, arrepentimiento, aceptación, esperanza. Puede aparecer en cualquier orden y diferente número de veces. PERDÓNATE. Por estar enfadado o desilusionado con los otros, incluyendo a la persona que murió y te dejó; por haber sido incapaz de evitar la pérdida; por todo lo que desearías haber hecho o no haber hecho.
ESTÁ BIEN ESTAR ENFADADO CON DIOS. Hay alguna cosa que parece irreal y terriblemente injusta ahora y te puedes sentir defraudado. Date cuenta de ello. TU PÉRDIDA NO ES UN CASTIGO NI UNA PRUEBA. CUANDO ALGUNA PERSONA INTENTA CONSOLARTE Y SÓLO CONSIGUE HACER MÁS PROFUNDO EL DOLOR, PERDÓNALE POR NO ENTENDER. Después cuando tú consueles a alguien, recuerda lo que no debes decir.
INTENTA ESTAR CON OTRAS PERSONAS EN DUELO. A medida que explicas tu historia compartirás un entendimiento del corazón que es más profundo que las palabras. FÍJATE EN AQUELLOS QUE HAN SUPERADO UNA PÉRDIDA. Su supervivencia es la prueba que te confirma que tú también sobrevivirás.
ESTA SITUACIÓN DOLOROSA PUEDE SER TAMBIÉN UNA OPORTUNIDAD. Ya sabes lo que es sentirse vulnerable y con dolor. Usa este conocimiento para acercarte a los otros que están sufriendo. EN UNA CARTA, UN POEMA, UN DIBUJO, UN DIARIO, O UNA CONVERSACIÓN IMAGINARIA CON
HAZ NUEVOS PLANES ENCAMINADOS A REHACER TU VIDA SIN
EN CIERTO MODO, NUNCA TE “RECUPERARÁS” DE UNA PÉRDIDA SIGNIFICATIVA, PORQUE ÉSTA INEVITABLEMENTE TE CAMBIA. Tú puedes escoger si ese cambio será a mejor. A VECES TU DUELO TE PUEDE DESBORDAR MUCHO PORQUE CONLLEVA EL DUELO QUE NUNCA HICISTE POR OTRAS PÉRDIDAS ANTERIORES EN TU VIDA. CUANDO TE ENCUENTRES A TI MISMO DUDANDO DE TU CAPACIDAD PARA SUPERAR EL DOLOR, ten paciencia y piensa que el proceso de duelo con el tiempo se acaba, tiene un final.
DATE PERMISO PARA SENTIRTE BIEN, reír con los amigos, hacer bromas. Vivir tu vida plenamente no es traicionar el recuerdo sino cumplir una promesa a alguien que querría verte bien.
SIEMPRE PUEDE HABER UN PEQUEÑO ESPACIO DENTRO DE TI QUE PERMANEZCA VACÍO. Un vacío permanente y tranquilo puede ser la manera que tu tengas de mantener tu conexión con el ser querido. CUANDO SIENTAS QUE
PUEDES LLEGAR A UN PUNTO EN EL QUE PODRÁS ESTAR UNA HORA, UN DÍA, UNA SEMANA, SIN SENTIR RECUERDOS DOLOROSOS DE AUSENCIA O VACÍO. Permanece abierto a la vida. HAS APRENDIDO QUE NO SIEMPRE TIENES EL CONTROL DE LAS CIRCUNSTANCIAS VITALES. Usa este descubrimiento para vivir más intensamente, para disfrutar más a cada momento. TU DUELO ES UNA DE LAS COSAS MÁS SAGRADAS Y MÁS HUMANAS QUE NUNCA HARÁS. Caerá de lleno en el misterio de la vida y de la muerte. RESPÉTALO.
“No te castigues, encaprichada y resentidamente, prohibiéndote gozar de la vida porque perdiste un ser querido. Tu tristeza te destruye a ti, sin beneficiar a tus muertos, y cuando ellos partieron no se llevaron consigo tu derecho a gozar de la alegría de la vida” Trossero
Mariano Navarro Serer. Psicólogo clínico
dimarts, 15 de febrer del 2011
dimarts, 8 de febrer del 2011

EL AMOR ES INDESTRUCTIBLE
La añoranza, el deseo de abrazar a nuestros hijos es tan intenso que a veces resulta casi insoportable. Es así. Pero en el fondo sabemos que, aunque nada es igual y no podemos abrazarles, ellos existen. Los científicos dicen que la energía no se crea ni se destruye, se transforma. Y eso, en nuestros momentos claros, lo sentimos a flor de piel. En esos momentos mágicos es posible escuchar una vocecita en nuestro interior que nos susurra que el amor es indestructible, que no solo contamos con las horas, los días, los años que hemos pasado aquí, juntos, también tenemos un futuro por compartir. No es como nos lo habíamos imaginado, no, ¡pero puede ser tan hermoso!
En los inicios del duelo, tal vez de poco sirve lo que digo. Es con paciencia y tiempo que la certidumbre se impone. Hace doce años que se fue Ignacio, ha tenido que pasar mucho tiempo para sentir lo que siento. Al principio, ¡pesaba tanto el dolor! ¡El cambio era tan sórdido y brusco! Tarda mucho el alma en asentarse después de un golpe así. Mucho. Durante ese largo recorrido que es el duelo nos toca transformarnos en seres receptivos al amor, porque solo es a través de esa vibración amorosa que podremos sentir a nuestro lado a nuestros hijos.
Llega un día en que volvemos a caminar juntos, ellos en su plano, siguiendo su destino y nosotros aquí, siguiendo el nuestro, pero tan unidos como antes. Merece la pena perseverar, merece la pena crear amor y armonía, en vez de tirar la toalla y dejar que poco a poco se consuma nuestra vida. Hay que vivir intensamente la tristeza hasta agotarla con la esperanza puesta en renacer, en volver a sentir la alegría de vivir. Cuanto más la siento, más feliz y contento percibo a mi hijo. Más me parece que le honro. Nosotras, que sabemos bien qué es querer estar muerta, decidimos volver a la vida por amor, por el amor que sentimos por ellos, por el amor que aprendemos a sentir, despacio y con esfuerzo, por nosotras mismas.
Publicado por Mercè Castro

EL DUELO DE LOS HOMBRES
Sin darme cuenta, a menudo hablo en este blog en femenino. A las mujeres, entre nosotras, nos resulta fácil compartir sentimientos. Creo que lo aprendemos de pequeñas. Si miro hacia atrás, cuando era niña, me veo los días de fiesta, agazapada en un rincón de la cocina, mientras mi abuela, mi madre y mis tías, sin parar de remover cazuelas, se contaban la vida. En aquella cocina, dominio absoluto de mi abuela, salían a relucir los secretos de familia, los anhelos y pesares, las alegrías contenidas… Cruzado el dintel de la cocina la magia se diluía. Aquella cocina de mi infancia era un confesionario.
Sí, seguramente por eso me es cómodo hablar aquí en femenino, porque soy mujer, pero no por eso ignoro el dolor de los hombres. Al contrario, admiro su valor porque sé que la mayoría de las veces lloran en silencio la muerte de sus hijos, con un sentimiento desgarrador de fiera herida. Admiro a los que están ahí, sosteniendo la desesperación, intentando re-inventar su vida, levantar a los suyos, sin poder expresar apenas lo que sienten. Es imposible generalizar, cada duelo es distinto, pero, no sé, a mi me parece que los hombres, al principio, se contienen más, se desmontan menos pero corren el riesgo de caer más hondo. Les cuesta más darse permiso para salir del armario donde guardan con llave las emociones.
Mi padre, un hombre de los de antes, de los que no entraban nunca en la cocina, me cuenta sorprendido y tal vez un poco avergonzado que ahora, de viejo –tiene 81 años- llora por casi nada. “Me he vuelto muy flojo, niña, ya no soy lo que era”, me dice y en cambio los dos sabemos que nuestros corazones nunca habían estado tan cerca.
El resurgir del duelo pasa por eso, por dejar fluir los sentimientos, sean los que sean, antes de que se conviertan en una amargura negra, en una roca tan pesada que nos impida volver a la vida. ¡Duele ver llorar a un padre, pero es tan sanador que lo haga!
Con cada lágrima que dejamos salir se aligera el alma.
Hay que coger de la mano a los hombres que esconden su dolor y acariciársela con ternura hasta desarmar, una a una, con amor, sus armaduras. Las mujeres hemos estado arropadas en muchas cocinas, pero ellos ¡están tan solos frente a sus emociones!
dijous, 27 de gener del 2011

TRATARNOS CON AMOR
A mi me ha costado mucho entender que tengo que cuidarme. Hacer ejercicio y comer sano está bien, por supuesto, pero me refiero a otro tipo de cuidados, como por ejemplo a hablar con sosiego conmigo misma. No es fácil. No sé si por razones culturales, porque soy mujer o porque ya llegué programada así, me es mucho más fácil intuir lo que sienten los demás que pararme a escuchar lo que necesita mi alma. Y me da pena, porque en cada uno de nosotros hay en esencia un niño que a menudo está desatendido y a veces maltratado.¡Qué poco nos respetamos a nosotros mismos! Yo, por ejemplo, a la que no me doy cuenta ya me estoy reprobando y criticando, como si fuera la madrastra mala de los cuentos. En vez de recordar mis aciertos, la especialidad de mi mente es encontrar, con la eficacia del mejor detective, mis desaciertos, por pequeñitos que sean. Para neutralizar esta tendencia, hace tiempo que decidí espiar a mi mente. No la riño ni la juzgo cuando se empecina en ponerse en lo peor, en mostrarme el lado oscuro. No quiero peleas ni disgustos, ella solo hace lo que venía haciendo. Con dulzura y suavidad le muestro parajes más claros, luminosos y bonitos. Me funciona muy bien el truco de mostrarle una foto mía, de pequeñita, con tres o cuatro años. Le es fácil ser amable con esa niña inocente y llena de vida. Entonces le digo que la coja en brazos, que la proteja, que la mime. Y así, despacito, despacito mi corazón se va ensanchando y el alma, agradecida, me regala momentos de calma.
Publicado por Mercè Castrodivendres, 21 de gener del 2011

Cuando murió Ignasi me costó mucho aceptar no haber podido hacer nada para protegerle. Yo, que le adoro, que hubiese dado la vida por él sin dudarlo, no puede evitar su muerte. Eso me desgarraba, era mi gran fracaso, hasta que entendí con el corazón que nada importante, realmente importante está en nuestras manos. De nada me servía volver una y otra vez hasta el día trágico, a la última escena, e imaginar mil y una maneras de salvarlo. La culpa, la que sea, es siempre un callejón sin salida, oscuro, en el que, irremediablemente, nos estrellamos. Como un parásito, se adueña de nuestra mente hasta que enfermamos.
Con la culpa como compañera de viaje es imposible avanzar porque nos remite siempre al pasado. Somos humanos y eso no es un tópico es una realidad. Y los humanos ni tenemos superpoderes ni podemos evitar lo inevitable. Y son muchas las veces que nos equivocamos, dudamos, divagamos, incluso somos capaces de atrincheramos en la culpa sin ser responsables de nada… Los errores, sean ciertos o imaginarios, forman parte de nuestra condición, son inevitables, lo bueno, lo que nos acerca a la luz es reflexionar y perdonarnos tantas veces como sea necesario.
En su libro “Tal vez mañana” Victoria Branca dice que perdonar es el don más perfecto. Podemos darnos y ofrecer ese don de forma infinita. Es un don liberador, es un regalo que nos merecemos todos por el simple hecho de haber nacido.
Yo, que creo que la muerte no existe, que simplemente es un paso a otra realidad, un paso parecido al que damos cuando nacemos, apuesto por ofrecer a mis hijos mi vida, una vida que intento que sea amorosa, alegre, sentida.
http://comoafrontarlamuertedeunhijo.blogspot.com/
dimarts, 11 de gener del 2011
VOLVER A VIVIR
"De la muerte se habla poco y de la muerte de un hijo mucho menos, pero los padres y las madres que hemos pasado por el horror de ver morir a un hijo necesitamos, desesperadamente, expresar nuestros sentimientos. Es, creo, una necesidad vital que nos aleja de la locura y nos ayuda a encontrar, de nuevo, sentido a la vida. Porque, aunque parezca mentira, es posible renacer después de un golpe así." Testimonio valiente y esperanzador, este diario, que Mercè Castro empezó a escribir poco después de la muerte de su hijo, cuando se sumergió en la peor de las pesadillas que podemos imaginar, nos deja compartir el fiero dolor y el consuelo. ¿De dónde nace el consuelo?¿Qué amigos, qué libros, qué pensamientos, qué creencias la han ayudado a ella? Sin ánimo de dar soluciones pero con afán de abrir una ventana de esperanza a aquéllos que hayan sufrido una pérdida, la sinceridad de estas páginas sobrecoge a todos sus lectores.
Mercè Castro (Barcelona, 1957).

